SENDEROS ÍBEROS

 

 

 

El testamento final

 

Sam Bourne
 
 

 

 

…esa tierra se ha convertido en fuente de discordia entre mis dos hijos, de cuyos nombres dejo constancia: Isaac e Ismael. Así pues, ante los jueces declaro que el monte será legado como sigue…

(…)

Guttman se aferró entonces al escritorio. Necesitaba notar la solidez de la madera, su materialidad. La enormidad de aquellas palabras saltaba  a la vista Olvidadas quedaban a la fama y la gloria de un descubrimiento sin precedentes: lo que tenía delante iba a cambiarlo todo. La gente había luchado durante milenios por el control de aquel lugar sagrado creyendo ser los hijos de Abraham. A lo largo de distintas épocas, judíos, musulmanes y cristianos lo habían reclamado como propio en la creencia de ser sus legítimos herederos. Y en ese momento, Simón Guttman, estaba en posesión del documento que zanjaría la cuestión para siempre.  Todos los que se consideraban descendientes de Isaac e Ismael, judíos y musulmanes, se veían obligados a atenerse a aquel mensaje, a las palabras del gran padre. Aquello lo cambiaría.

Buscó frenéticamente el teléfono  y entonces de dio cuenta de que no sabía de memoria el número de  teléfono que debía marcar. Conectó el ordenador y lo buscó a toda prisa en Internet, Buscó la página de contactos y marcó.

- Soy el profesor Simón Guttman- dijo con voz ahogada-. Tengo que hablar con el primer ministro

 

 

 

 

 

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