SENDEROS ÍBEROS

 

El misterio de la casa Aranda

   Jerónimo Tristante
 

 

 

-¿Y qué tal era su señor?

- Un hombre raro. Y su mujer también. Hay que reconocer que las costumbres en ultramar no son las de aquí, pero tenían horarios muy extraños. Era muy nervioso, aunque bueno y generoso con el servicio. A pesar de sus creencias, se trabajaba bien allí y nunca tuvo una palabra más alta que otra con nosotros.

-¿Sus creencias?

- Sí, eran un poco extraños. No me malinterpreten, iban a misa los domingos, claro, per tanto él como su mujer practicaban una especie de magia o brujería, creo que la llaman, en fin, algo que daba grima.

 

 

 

 

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