SENDEROS ÍBEROS

 

Reencuentro

    Fred Uhlman
 

 

 

Ingresó en mi vida en febrero de 1932 y ya no ha salido de ella. Desde entonces ha transcurrido más de un cuarto de siglo, han pasado más de nueve mil días, inconexos y tediosos, vacíos debido a la sensación del esfuerzo o el trabajo inútiles… días y años, muchos de ellos tan muertos como las hojas mustias de un árbol seco.

Recuerdo el día y la hora en que fijé los ojos por primera vez en este muchacho que habría de ser la fuente de mi mayor dicha y mi mayor desesperación. Ocurrió dos días después de que yo cumpliera dieciséis años, a las tres de la tarde de un día gris y oscuro del invierno alemán.

 

 

 

 

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