SENDEROS ÍBEROS

 

La lámpara de Aladino

    Luis Sepúlveda
 

 

 

“Adiós, mi amor”, dije y cerré la puerta con suavidad, tal vez porque el instinto de macho herido buscaba trucos para aligerar la lápida. Con pasos cansados bajé por última vez aquella escalera de mármol, me vi reflejado en los espejos de los descansos y supe que nunca volvería.

 

 

 

 

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