SENDEROS ÍBEROS

 

 

El violinista de Mauthausen

Andrés Pérez Domínguez
 

 

(...) podía escuchar con cierta nitidez los golpes de las herramientas picando la piedra- Piensa que debe ser un trabajo muy duro, no ya estar todo el día, con el calor que hace. sacando piedras de una cantera, sino tener que arrastrar en una carreta bloques tan pesados hasta el campo. Se alegra Franz Müller de haber estudiado ingeniería aeronáutica y de haber desarrollado las habilidades de músico que tenía desde niño, de no haber tenido que realizar jamás un trabajo físico como aquel, arrastrar una carreta repleta de bloques de piedra desde la cantera, tirar de ella por la cuesta, y luego cargar los bloques sin pulir en un camión. Él no tenía callos siquiera. Sus manos eran delicadas, casi como las de una mujer, y estaba seguro de que no resistiría un esfuerzo como aquel durante mucho tiempo. Pero va a tardar más de dos minutos en pensar que mucho mejor que lo que ha visto sería trabajar en una cantera acarreando bloques romos de piedra o cortando troncos en el bosque. No puede estar seguro, no quiere creerlo. Piensa, o quiere pensar, porque hay cosas de las que es mejor no enterarse, que lo que cuelga de uno de los lados de la carreta no es la rama de un árbol, o un arbusto que había brotado de una piedra de la cantera, sino algo que parece una pierna pero no puede ser una pierna. Una pierna no. Y lo que asoma por la parte de arriba de la carreta de la que tiran unos presos en silencio no es una mano. Debe ser una flor, o una rama que se ha colado entre los bloques. Abre bien los ojos Franz Müller como si al hacerlo pudiera encontrar una respuesta (...)

 

 

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