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Memoria de los moriscos. La literatura escondida en el adobe

17/06/10



La exposición «Memoria de los moriscos», que se inaugura en la Biblioteca Nacional con gran protagonismo de la Universidad de Oviedo, recupera los textos aljamiados

En 1609, Felipe III firmó el decreto de expulsión de España de los moriscos. Entre ese año y 1614 salieron cerca de 300.000, todos descendientes de la antigua población musulmana de la península ibérica que se habían convertido al cristianismo pero conservaban parte de sus antiguas costumbres.

La decisión, además de despoblar regiones enteras, causó un empobrecimiento económico y cultural en el país. Un grupo de ellos, sobre todo los que vivían en el valle aragonés del Jalón, que habían desarrollado una activa transmisión de su patrimonio cultural y literario en una escritura híbrida entre el idioma español y los signos gráficos árabes, lo que se conoce como textos aljamiado-moriscos, cuando se vieron forzados a abandonar sus casas, ocultaron muchos de esos manuscritos en los muros de las viviendas. Y lo hicieron con mimo, en el adobe, preparando huecos especiales, añadiendo piedras de sal o saquitos de espliego para preservarlos de la humedad, envolviéndolos cuidadosamente en paños de lino. Poco más de doscientos han sobrevivido.

Se trata de textos redactados en castellano con escritura árabe, la denominada «aljamía», del árabe ahamiyah, que significa «extranjero». La mayor parte de ellos son textos religiosos, aunque también se conservan bastantes de fábulas, viajes imaginarios, cuentos, anotaciones sobre la vida diaria o testimonios sobre la pérdida de la libertad personal y de las leyes antiguas.

«Memoria de los moriscos. Escritos y relatos de una diáspora cultural», la exposición que hoy se inaugura en la Biblioteca Nacional y que mañana se abre al público, reúne por primera vez cerca de un centenar de piezas, procedentes de bibliotecas y archivos. Los ejemplares, en su mayoría de los fondos de la Biblioteca Nacional y de la Biblioteca Tomás Navarro Tomás, constituyen una selección representativa de los principales ámbitos de los textos aljamiados, y abarcan desde los testimonios más significativos originados en el siglo XV hasta las últimas palabras del exilio morisco recogidas en Túnez en el siglo XVIII.

Organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, el comisario es el escritor José Jiménez Lozano y el asesor científico Juan Carlos Villaverde, profesor de árabe de la Universidad de Oviedo. El Seminario de Estudios Árabo-Románicos de la institución ovetense, primer centro mundial en el estudio de textos aljamiados, ha diseñado la elección de las piezas y el discurso expositivo.

«El pasado islámico forma parte también de nuestra identidad. Lo más importante es que, en la exposición, podremos ver lo islámico y lo español entremezclados. Es la primera vez que se da a conocer la lengua española escrita en caracteres árabes», declara a LA NUEVA ESPAÑA el profesor Villaverde.

Además de los manuscritos hallados en los muros de las viviendas que abandonaron, «Memoria de los moriscos» presenta algunos de los libros redactados por los expulsados en los lugares que los acogieron, como Salónica, Túnez o Marruecos. Destacan, entre ellos, la primera traducción completa del Corán al castellano; el tratado del Mancebo de Arévalo, obra en la que un misterioso morisco recorre España entrevistando musulmanes a escondidas de la Inquisición; el Alkitab de Samarqandí, una colección de relatos ejemplarizantes, o el Poema de Yusuf.

En el artículo que publica en el catálogo editado con este motivo, Juan Carlos Villaverde documenta por primera vez los manuscritos aljamiado-moriscos, las colecciones, los inventarios y otras noticias. A la vez, rescata la memoria de todos aquellos que trabajaron estos textos, desde el primero, Eduardo Saavedra, quien ofreció un inventario de esta literatura con motivo de su ingreso en la Real Academia a finales del año 1878.

«Parece claro que, salvo aquellos de origen inquisitorial, la mayoría de los manuscritos aljamiados procedían de ocultaciones previas a la expulsión, sacadas a la luz en hallazgos casuales, sobremanera en Aragón, con motivo de obras en antiguas viviendas», subraya Juan Carlos Villaverde.

¿Por qué las ocultaron? Esa es una de las preguntas que aún hoy continúan haciéndose los estudiosos. Tal vez confiaban en un retorno. «Desde luego había una voluntad clara de ocultamiento y a la vez se percibe la gran veneración que el Islam siente por el libro», declara Juan Carlos Villaverde.

En el catálogo se incluyen también artículos de Alfredo Mateos Paramio, Luis F. Bernabé Pons, Alberto Montaner Frutos, Mercedes García-Arenal, Nuria Martínez de Castilla Muñoz, Ana Isabel Beneyto Lozano y el ya citado José Jiménez Lozano.

Al principio, cuando se descubrieron los manuscritos y parecían escritos en árabe, los arabistas no los entendían y creían que estaban escritas en una lengua desconocida. Gracias a la labor de coleccionistas y estudiosos, en el siglo XIX los manuscritos empezaron a desvelar su secreto y a ser publicados parcialmente
 

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